Cuarto derecha

El blog de Toni Castillo y Delphine (delf) Gimbert

La sensibilidad de las aceitunas

por Toni

Poco faltará para que alguna asociación feminista exija la retirada del mercado de todas las aceitunas violadas. Porque claro, no puede permitirse que se haga, de un acto depravado, un manjar exquisito. Y si no lo consiguen, seguro que apelarán por el cambio de nombre. La verdad es que desconozco si ya tienen otro, algo más moralmente correcto … no sé … ¿pepinos con sombrero?

Plato de aceitunas violadas

Si no me creeis… ¿acaso no os acordáis de aquella publicidad en la que una mujer, con un pecho fuera, anunciaba queso gallego de tetilla? Por suerte pudieron evitar que aquello viera la luz. Miles de hombres hubiéramos asaltado las tiendas para tener uno de esos quesos en nuestras manos.

Hace poco vi en la televisión que iban a prohibir los columpios de metal, los de toda la vida, en los parques de Madrid. Claro, son armas letales. ¡Cuántos niños habrán perecido ya en esos columpios demoníacos!

Otras asociaciones del defensor del menor están consiguiendo que no existan videojuegos violentos, de guerra, lucha y esas cosas, porque los niños no diferencian el bien y el mal, y salen por ahí con cuchillos de cocina matando a quien se cruce por la calle y así conseguir pasar de fase y sacar más puntos. Debería sentir verdaderos escalofríos cuando tengo que cuidar de mis sobrinos, y hacerme un seguro de vida.

Pobres diablos, qué les estamos haciendo…

A partir de ahora, no nos sentiremos impulsados a violar cuando tomemos aceitunas, ni a comer queso con esa extraña e impulsiva lujuria, ni nos preocuparemos por que a nuestros hijos les pueda pasar algo porque jugarán con columpios acolchados, como las paredes de los manicomios. Y jugarán con los videojuegos de lo teletubbies hasta los 18 años. Si en nuestra infancia no hubiésemos jugado con espadas hechas con trozos de madera, y hecho batallas a pedradas en el campo, tal vez seriamos mejores personas.

Desde aquí doy gracias a estas organizaciones que nos protegen de lo moralmente incorrecto, y nos recuerdan los límites del bien y del mal.

Gracias a ellas no necesitamos pensar por nosotros mismos.

¡Larga vida a las aceitunas violadas!


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